La ascendencia española del símbolo del dólar

Monedas, banderas, sellos, escudos, esculturas e incluso parques naturales en Estados Unidos tienen una clara impronta española. Repasamos algunos de ellos.
02/07/2019

Es indudable que la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo marcó un antes y un después en la historia mundial, y más concretamente en la del continente americano, que desde aquel momento empezó a verse influido por la cultura y las costumbres de los españoles que allí se asentaron.

En los países de Latinoamérica se ve muy claramente hoy en día, pero España también dejó poso en EE.UU., una nación plagada de símbolos muy reconocibles para nosotros. El más curioso, probablemente, lo encontramos en el carácter que representa al dólar. Según el estudio El legado español en los símbolos de EE.UU., elaborado por Juan Ignacio Güenechea y publicado por The Hispanic Council, su diseño está basado en las dos torres de Hércules cruzadas por la cinta que lleva la inscripción ‘plus ultra’. Una imagen que lleva siglos en nuestra heráldica y que seguimos encontrando en el escudo de España.

Según el texto, en el siglo XVII el uso del llamado real de a ocho español estaba muy extendido por el territorio estadounidense, y fue conocido como spanish dollar. De hecho, se convirtió en la primera divisa de curso legal en el país en 1775 después de que el Congreso aprobase una propuesta de Thomas Jefferson. El dólar americano llegaría en 1792, con un diseño basado en los spanish dollar primigenios.

Banderas, escudos y sellos

El informe de Güenechea analiza un buen número de banderas, escudos y sellos oficiales que están vigentes en la actualidad. San Agustín (Florida), que fue fundada por Pedro Menéndez de Avilés en 1565 y que está considerada la ciudad habitada sin interrupción más antigua del país, cuenta en su escudo de armas con recuerdos de los reinos de Castilla y León, además de la flor de lis de la monarquía borbónica. Símbolos que también se encuentran en la bandera de Pensacola (Florida), en el sello oficial de Santa Fe (Nuevo México) y en el de Los Ángeles (California). Y es que este último territorio estuvo bajo dominio español entre 1542 y 1821.

Otro ejemplo es el de la bandera de Cupertino (California), en el borde occidental de Silicon Valley y hogar de Apple, entre otras grandes tecnológicas. Su imagen central es un morrión, el casco habitual de los caballeros de Castilla en aquella época, asociado a los Tercios. Con él se homenajea a Juan Bautista de Anza, que reclamó las tierras sobre las que se asienta la ciudad en 1776 y que tuvo un papel esencial en su nacimiento.

Tanto la silueta del morrión como de los barcos españoles que fondearon por vez primera las costas norteamericanas son habituales en la simbología estadounidense. El escudo de armas de San Diego lleva una carabela, que representa la exploración del territorio por parte de los españoles. Éste incluye también las columnas de Hércules, que según el estudio de The Hispanic Council, recuerdan la antigua jurisdicción territorial de España. La carabela también aparece tanto en la bandera como en el sello de la ciudad de Columbus (Ohio), en clara referencia a Cristóbal Colón.

Un legado que va más allá

Como asegura Juan Ignacio Güenechea en su estudio, el legado español en Estados Unidos va más allá de símbolos y banderas. Los exploradores que allí se asentaron en el siglo XVI dejaron una huella difícil de borrar, especialmente en los estados del sur: California, Texas, Florida, Puerto Rico… “Muchos edificios, parques o reservas naturales recuerdan a los españoles que habitaron estas tierras durante más de 300 años”, reza el texto.

En estos momentos hay un gran número de esculturas levantadas en honor a personajes históricos españoles, que van desde Cristóbal Colón al Cid Campeador, pasando por Alfonso X El Sabio, cuya efigie está presente en la Cámara de Representantes.

Y no debemos olvidar la importancia de la lengua castellana en esta región del mundo: se calcula que unos 60 millones de personas habla nuestro idioma dentro de las fronteras estadounidenses. Un importante nexo común que no se debe desaprovechar.